ABANICO/ ¿Cuántos amigos tienes?

Por Ivette Estrada

Aunque no lo creas, el número de relaciones que sostienes con otros determinan una variable muy valorada para el éxito en el trabajo.
A medida que nos reintegramos a una nueva realidad, en la era pospandémica se imponen los sistemas de trabajo híbrido y la resiliencia empresarial se determina mediante la adopción de tecnologías acordes a los sistemas de gestión y a la generación de redes sólidas dentro y fuera de la organización. Hoy, más que nunca, la colaboración es un eje vital del desarrollo profesional y del crecimiento de las organizaciones.
Actualmente, las conexiones y las redes inciden cada vez más en la construcción de la cultura y la realización del trabajo. Si a esto sumamos que los sistemas híbridos llegaron para quedarse, es esencial robustecer nuestros sistemas de contacto y apoyo. Algo más: entre más variados y heterogéneas sean nuestras conexiones sociales, mayores oportunidades de innovación y aportación encontraremos, tanto a nivel personal como profesional.
No en vano, esta era digital bien podría llamarse la de colaboración e interacción multidisciplinaria. En este punto, comienza un profundo trabajo de reinvención.
Comenzar tal tarea que nos augura nuestra vigencia profesional implica comprender cómo funciona la empresa y los tipos de trabajos desarrollados en el negocio. Es decir, qué tareas que se generan y cuáles son los comportamientos y capacidades que respaldan la productividad.
Vale observar que todas las personas y tareas que se realizan están integradas dentro de redes de conexiones humanas. A través de ellas fluye conocimiento, visión e innovación. Cualquier rediseño del trabajo puede interrumpirlos inadvertidamente.
Durante la pandemia, por ejemplo, se detectó que inicialmente se incrementó la productividad y hubo sustanciales ahorros en gastos de alimentos fuera de casa y transporte. Empero, hubo una súbita ansiedad en empresas de todos los sectores que forzaron interminables reuniones a distancia sin sentido. Comenzó a detectarse un ascendente agotamiento laboral.
La raíz de este problema, asociado en gran medida a la Gran Decepción o abandono de muchas plazas de trabajo en las economías desarrolladas, tuvo un insólito componente: la falta de socialización.
No se trata de un fenómeno que sólo afectó a millenial y generaciones Z , sino a todos los trabajadores en general. Esto porque la exposición a experiencias nuevas y diferentes sonidos, olores, entornos, ideas y personas incide en la creativa y bienestar.
El teletrabajo y confinamiento derivado de la pandemia condujo a revalorar las interacciones personales y a detectar que el liderazgo colaborativo requiere la generación de mayores conexiones con otros, por diferentes que sean a nosotros.
De hecho, la heterogeneidad de formaciones, credos, generaciones y géneros, ayuda a soluciones e ideas más integrales y focalizadas. No en vano, una de las competencias más valoradas en este momento es nuestra capacidad de generar trabajo en equipo y comunicarnos de manera eficiente.
En fin, que “hacer amigos” ya no es una opción. Resulta sumamente relevante para nuestro avance profesional y credibilidad de la propia marca personal.