Para Contar
Arturo Zárate Vite
Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz empezó en la política en 2000, cuando Vicente Fox la incorporó al gabinete como titular de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.
Estaba dedicada de lleno a la computación, a la alta tecnología e inteligencia artificial; fundadora de sus propias empresas. El presidente entonces, en búsqueda de los mejores servidores públicos, la invitó a participar en la administración pública. Se aventó sus primeros seis años atendiendo desde el gobierno las necesidades de los pueblos originarios.
Mujer que en la política ha demostrado que no tiene miedo a las palabras ni a los grandes retos. Dice las cosas como las siente y piensa.
Fue severa en el Senado al cuestionar a funcionarios. Se llegó a encadenar a la silla de la mesa directiva en la casona de Xicoténcatl, antiguo recinto legislativo, en protesta por la falta de transparencia. Si bien al llegar a vivir en la CDMX su primer hogar estuvo en Iztapalapa, con el tiempo y su crecimiento profesional, se cambió a la Miguel Hidalgo donde fue jefa delegacional.
Hizo un paréntesis para competir por la gubernatura de su estado natal Hidalgo. No tuvo éxito. Su estilo, el lenguaje directo, permitieron que se posicionara en los medios. Se hizo popular en la capital de la República, al grado de que en 2022 su nombre aparecía en las encuestas para competir por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México.
Se ilusionó con esa idea. Cada vez que la entrevistaban, no dudaba en afirmar que estaba interesada en competir por esa responsabilidad. No tenía más ojos que para la CDMX.
Uno de sus sueños.
Iba por ese camino. Había dejado buena impresión como jefa delegacional en Miguel Hidalgo. Todavía no surgían las alcaldías. Con el fuero de senadora exigió derecho de réplica en Palacio Nacional. No le hicieron caso y acudió a las instancias judiciales. Con amparo en mano, tampoco le abrieron la puerta.
Su mirada clavada en la sede del antiguo ayuntamiento. Suponía que en su bicicleta llegaría a dicho sitio.
Con lo que no contaba es que le cambiarían la jugada. El mismo que la metió a la política.
Angustiada la oposición porque no encontraba a quien postular para la candidatura presidencial, a Fox y sus amigos se les ocurrió que Xóchitl podría ser la mejor opción. Se equivocaron.
Por una sencilla razón:
Gálvez Ruiz tenía como prioridad la Ciudad de México. Consideraba que era indispensable ocuparla para adquirir experiencia y dominar la administración pública. No la dejaron. Le torcieron el brazo y la aventaron a los leones. Ya todos sabemos los resultados.
Actuó por disciplina y agradecimiento a su antiguo jefe guanajuatense. Hizo su mejor esfuerzo. No fue suficiente, ni con todo el apoyo mediático que la describía como un fenómeno de la política.
Ella cumplió con competir.
Ahora se la deben, dejar que busque su sueño de alcanzar la candidatura para la Ciudad de México en 2030.
Necesitaría un trampolín. Podrían ayudarla a que sea diputada federal en 2027 o diputada del Congreso local. En cualquiera de los casos, de mayoría relativa, la vía del voto directo, lo ideal para el contacto con la gente. También estaría la opción de nominarla como candidata plurinominal.
Si la recompensan ahora por el sacrificio que hizo en 2024, cuando sus posibilidades reales de ganar la presidencia eran limitadas, habría una sólida aspirante al gobierno capitalino.
¿Le concederá el “Club de Toby” esa oportunidad?
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