LOS CAPITALES
Por EDGAR GONZALEZ MARTINEZ
Parece que en la Oficia Oval de la Casas Blanca desconocen que la persistencia del bloqueo amenaza con amplificar riesgos inflacionarios, desaceleración global y mayor volatilidad. En efecto, nos dicen especialistas en el tema, si las negociaciones sobre Ormuz se prolongan más allá de junio, los efectos de segunda vuelta sobre la inflación se harán progresivamente más difíciles de contener, obligando a los bancos centrales a adoptar posturas más restrictivas que frenarían el crecimiento global y pondrían a prueba la resiliencia de los resultados corporativos en sectores como manufactura y transporte, que ya enfrentan el desafío de gestionar el creciente diferencial entre sus costos y su capacidad de trasladarlos al consumidor final.
En opinión de Felipe Barragán, Senior Research Strategist de Pepperstone, para América Latina el escenario de persistencia implica que el diferencial entre economías exportadoras e importadoras de petróleo se volvería aún más pronunciado: Colombia, Brasil y Argentina podrían mantener cierta protección vía ingresos del sector energético, aunque condicionada en cada caso por dinámicas políticas y fiscales internas propias; Chile y México, como importadores netos, enfrentarían un contexto de costos más adverso. En cualquier escenario, la volatilidad no parece próxima a disiparse, y la capacidad de los mercados para seguir descontando una resolución favorable —en ausencia de evidencia concreta de avances diplomáticos— tiene un horizonte temporal cada vez más acotado.
El hilo conductor de prácticamente todos los movimientos de precios de las últimas semanas sigue siendo el conflicto entre EU e Irán, cuyo bloqueo del estrecho desde principios de marzo ha sido catalogado por la Agencia Internacional de Energía como la mayor disrupción de suministro en la historia del mercado global de petróleo.
El rechazo del presidente Trump el fin de semana a la última propuesta iraní —que condicionaba un acuerdo al levantamiento del bloqueo naval estadounidense y al alivio de sanciones, mientras Teherán mantendría cierto grado de control sobre el tráfico en el estrecho— frustró las esperanzas de resolución inmediata y presionó nuevamente los precios del crudo en medio de rumores de que un buque cargado con gas natural licuado proveniente de Qatar habría dado marcha atrás en su aproximación al estrecho, reflejando la continuidad de la incertidumbre sobre los flujos energéticos regionales.
Más allá del impacto energético, el bloqueo está comenzando a generar disrupciones más amplias en cadenas de suministro, con riesgo de escasez física de bienes en algunas regiones de África y Asia, y no únicamente en el plano de los combustibles. Asimismo, el precio promedio de la gasolina en EE.UU. superó la semana pasada los 4,50 dólares por galón y el diésel se aproxima a máximos históricos, profundizando la brecha entre el optimismo de los mercados financieros y el deterioro del sentimiento de los hogares, que volvió a marcar mínimos récord en los índices de confianza al consumidor. Mantener esta divergencia sin un mecanismo de corrección visible se vuelve cada vez más difícil de justificar analíticamente, por lo que cuanto más tiempo permanezcan incorporados los efectos del shock sobre precios y cantidades, mayor será el riesgo de efectos inflacionarios de segunda vuelta y destrucción de demanda, reduciendo la efectividad de las respuestas de política económica.
En renta variable, sin embargo, la resiliencia sigue siendo notable. El S&P 500 acumula su sexta semana consecutiva de ganancias, cerrando en un nuevo máximo histórico, mientras que el Nasdaq, liderado por las tecnológicas, finalizó en su propio máximo histórico de 26.247,08 puntos. El soporte estructural de fondo es una temporada de resultados corporativos excepcionalmente sólida: con casi la totalidad de las compañías del S&P 500 ya reportadas, las utilidades por acción superan en un 17,8% las estimaciones iniciales, la sorpresa agregada más alta de los últimos dos años. Además, en Asia, Corea del Sur ha sido uno de los mercados con mayor impulso, favorecido por fabricantes de chips de memoria como SK Hynix y Samsung ante expectativas de demanda sostenida vinculada a la inteligencia artificial.
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