De moribundo PRI a atractivo para Palacio    

Aquí en el Congreso

Por José Antonio Chávez

Ayer los priistas celebraron su asamblea nacional para definir los destinos de ese partido que recibió después de la paliza del 2028, totalmente destartalado el actual líder Alejandro Moreno “Alito”.

Era un partido que lo daban por muerto, las apuestas era que terminaría su vida útil en el 2021, tres años después que perdiera la Presidencia Enrique Peña Nieto y las mayorías en el Congreso, con una bancada disminuida de Diputados y Senadores.

Como consecuencia de esa derrota, la mayoría de priistas, sobre todo los que se favorecieron o enriquecieron a costas del partido, prácticamente huyeron, se escondieron o se hicieron los disimulados. Les daba pena que los identificaran como priistas.

Los entonces gobernadores del PRI, de Sonora, Sinaloa, Campeche, Oaxaca, Estado de México, Quintana Roo (con el PAN), Hidalgo, prácticamente entregaron sus gobiernos a López Obrador a cambio de no ser auditados cuyos resultados pudieran llevar a encarcelarlos.

El pacto fue un intercambio también para ocupar una embajada, un consulado o un cargo de elección popular. Esas derrotas se las achacaron al actual líder del partido “Alito”.

Muchos de los priistas que se sentían importantes en el partido, simplemente permanecieron desaparecidos, no sacaron la cara ante los múltiples embates, de Palacio Nacional de López Obrador que los acusaba, al PRI, PAN y PRD de corruptos junto con los conservadores.

Incluso a los propios gobernadores en turno que todavía administraban sus sexenios, nadie, absolutamente nadie salió a responderles. Todos callados.

En 2021, para las elecciones intermedias, Alito tejió fino con el líder del PAN y del PRD, Marko Cortés y Jesús Zambrano para construir una alianza opositora. Lograron arrebatar a Morena la mayoría calificada en La Cámara de Diputados que preside hoy la priista, marcela Guerra y con ellos frenar las reformas Constitucionales, como la Energética, Guardia nacional, Electoral.

El PRI, prácticamente resucitó, pasó de 40 diputados en 2018 a una bancada de 71, esa cifra d legisladores, se conservaron leales a la nueva dirigencia priista y lograron rechazar los atractivos que les ofrecía Morena para pasarse a sus bancadas. Solo uno accedió.

Desde luego que no gustó a los viejos priistas esas alianzas que fortalecieron a Alito y más porque como líder les negaría (y les negó) las candidaturas becadas, vaya las pluri que les permite llegar sin despeinarse al poder.

Eso los irritó y ahora, en la renovación de la dirigencia, como por arte de magia del Palacio Nacional, pareciera que apareció a un grupo para gritar a los cuatro vientos estar en contra de Alito. Esos mismos que, en primera no se les vio en todo el sexenio de AMLO y, dos, los mismos que no repartieron un solo volante en las campañas. Todos desde la burbuja de confort se agruparon para exigir la cabeza de Alito.

Quiere nombres, bueno anote a Dulce María Sauri que nunca ha ganado una elección, sus cargos han sido por becas del partido, incluyendo la gubernatura interina de Yucatán. Como líder el PRI calló como momia en el famoso Pemex gate de Fox. Héctor Astudillo, ex gobernador de Guerrero que cínicamente hizo campaña en contra del PRI y ayudó a otro partido, MC.

Ese bloque de ex lideres del PRI, también está Pedro Joaquín Codwell, el más beneficiado como secretario de Energía con Peña Nieto, un mundo de gasolineras y tres partes de Cozumel son de su familia. Que decir de José Antonio Fernández y Enrique Ochoa Reza, dos personajes totalmente perdidos en sus mundos con bastante solvencia económica.

También se unió a ese bloque el ex gobernador de Sinaloa, y ex Presidencial, Francisco Labastida Ochoa, el mismo que se agachó cuando Vicente Fox le grito de todo. El repetía que Fox lo insultaba: “me dice Lavestida” y bla, bla, bla en lugar de responderle con carácter que obviamente carecía. Un candidato débil y una imposición que tronó al partido.

Se suman los once ex gobernadores que por arte de magia pararon el tiempo de casi el sexenio y hoy se aparecen. Todos, sin excepción, junto con ex lideres del partido se les puede considerar como el grupo de agachones, dicen los que saben que ahora porque no salen, ellos con esos desplegados, en lugar de estar en contra del Alito y el partido, se declaran en contra de AMLO y su gobierno.

Saben, de antemano, que esos ex priistas los vomita la militancia porque cuando gobernaron, los marginaron y simplemente para sus gobiernos no existían

También anote la deslealtad de los lideres de algunas organizaciones que otorgaban, antes el voto corporativo, como la CTM que Carlos Aceves del Olmo como mandamás andaba levantándole la mano a los morenos y ofrecerle, para quedar bien ese musculo político. Para Alito, en el PRI desapareció el voto corporativo y también las becas para sus vividores, ese es el enojo de esos priistas, si es que lo son todavía.

El pleito de ese bloque es que querían la dirigencia del partido para convertirse en interlocutores con el que manda en Palacio Nacional, es decir, en términos coloquiales, para entregarle el PRI a López Obrador y ahora Sheinbaum para que puedan tener, con sus votos del Congreso el poder absoluto. Vaya, hacer del PRI un sexenio de agachones.

Con la Asamblea Nacional acordaron comenzar la construcción del partido que cuenta con una filiación real de mil 465 miembros y fortalecer su militancia, obvio va la reelección de la dirigencia y va obligatorio o como regla, la participación del 60 por ciento de las mujeres en todos los cargos que existentes populares o de partido.

REELECION DE ANA LILIA, CANDIDATA NATURAL A TLAXCALA

No pierda de vista que la actual presidenta del Senado de la República, Ana Lilia Rivera con el triunfo aplastante que logró para su reelección como representante de Tlaxcala, la convierte en automático como la candidata natural para gobernar esa entidad que mucha falta le hace la transformen, porque nomás no da noticias, ni buenas ni malas, vaya como si no existiera.

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