Arturo de las Fuentes

Grupos étnicos binacionales

 

La frontera México – Estados Unidos es un espacio megadiverso en muchos sentidos: desde la geografía y el medio ambiente (frontera seca y frontera pluvial), pasando por el dinamismo económico de cada microrregión (en actividades y grados de desarrollo), así como la demografía fronteriza que se caracteriza por su heterogeneidad numérica y multicultural entre la mayoría de las poblaciones fronterizas.

Dentro de esta diversidad, esta entrega dedicará su espacio a la reflexión de los grupos étnicos binacionales, cuyas poblaciones comparten lazos históricos, familiares, culturales y territoriales; tanto que, a diferencia de otras poblaciones fronterizas, en mucho de sus casos los territorios ancestrales fueron divididos por fronteras internacionales, obligándolos a transitar entre dos países. 

Se tomarán ejemplos de algunos de estos grupos étnicos binacionales, a lo largo de la frontera México – Estados Unidos, para describir sus características. Los Grupos Yumanos, que incluyen tribus como Cucapá, Paipai, Kiliwa, Kumiai y Cochimi en Baja California y California; todas ellas, tribus nativas con presencia ancestral en la zona. La línea fronteriza de 1848 dividió a estas comunidades que ancestralmente se movían libremente por el desierto.

La Tribu Tohono O´odham, conocidos históricamente como pápagos, son un pueblo indígena originario del desierto de Sonora (México) y Arizona (EE. UU.), con una historia de más de 10,000 años. Se autodenominan «gente del desierto» y comparten cerca de 120 kilómetros de frontera como consecuencia de su separación por el tratado de La Mesilla, quedando alrededor de 28 mil indígenas en Arizona, Estados Unidos y cerca de 3 mil integrantes en Sonora, México.

La tribu Kickapoo, con un «pie en cada país», cuenta con comunidades en Coahuila y Texas, reconocidos binacionalmente y con un sistema de vida nómada tradicional. Esta tribu obtuvo su reconocimiento mediante la Ley Pública 97–429 aprobada por el congreso norteamericano en 1983. Un par de años después les permitió elegir entre la ciudadanía estadounidense y mexicana, marcando un precedente importante para su estatus binacional y regularizando su situación tras décadas de movilidad entre ambos países. Además, la economía de los kikapúes se sostiene principalmente gracias a la operación de un casino en Texas, cuya apertura en la década de 1990 fortaleció de manera decisiva su estabilidad financiera y transformó su forma de vida.

Otro grupo de la región son los yaquis, cuyo origen binacional se remonta a una diáspora forzada debido a la guerra de exterminio, despojo de tierras y deportaciones masivas durante el Porfiriato. Muchos yaquis huyeron del sur de Sonora para escapar de la esclavitud y el genocidio, estableciéndose alrededor de Tucson, Arizona, hacia 1910, con soporte de la tribu Pascua Yaqui en Tucson, creando nuevas comunidades y manteniendo sus lazos culturales con los ocho pueblos originales. 

Algo similar ocurrió con los menonitas, quienes llegaron a México en 1922, principalmente a Chihuahua, desde Canadá buscando preservar su libertad religiosa, educación propia y exención militar. Tienen sus orígenes ideológicos en el ala pacifista del movimiento anabaptista, que se inició en Zurich, Suiza, en 1525, y se trasladaron a países como Rusia, Canadá, Estados Unidos y México, conformando una comunidad binacional que han conservado muchos de sus propios rasgos como pueblo étnico y religioso.

Finalmente, se encuentra la Nación Carrizo Comecrudo, presentes en el bajo Río Grande (Texas) y el noreste de México, cuya historia se vio afectada con la expansión española y estadounidense en el siglo XIX, junto con enfermedades, que causó su dispersión y supuesta desaparición como grupo diferenciado.

Actualmente, los descendientes de la Nación Carrizo Comecrudo en el sur de Texas trabajan en la organización, preservación y revitalización de su identidad y herencia cultural. luchan por el reconocimiento y la protección de su territorio ancestral.

Después de este breve recorrido por algunas de las tribus binacionales más reconocidas, vale la pena señalar que, a lo largo de su historia han enfrentado desafíos derivados de la política migratoria cada vez más restrictiva de Estados Unidos, cuyo símbolo es la expansión del muro fronterizo, esta barrera física dificulta su movilidad, ya que no sólo divide la tierra, sino que también destruye patrimonio indígena.

La complejidad del estatus jurídico de las tribus binacionales ha radicado en la falta de un estatus jurídico binacional único y uniforme, es decir, toda vez que se trata de manera diferenciada el reconocimiento federal en Estados Unidos, y el reconocimiento constitucional en México. Pese a que la mayor parte de las tribus tuvieron sus orígenes previo a la existencia de ambas naciones independientes, el establecimiento de la línea fronteriza conllevó el surgimiento de dos sistemas legales que históricamente han dificultado la movilidad y el reconocimiento de sus derechos culturales.

Las leyes estadounidenses exigen que se respete el paso de miembros tribales, sin embargo en la práctica las autoridades tienen amplia discreción para solicitar documentos de viaje seguros (como tarjetas de identificación tribales con RFID).

Por ejemplo, la Tribu Tohono O´odham se vio afectada en octubre de 2025, ya que el Departamento de Seguridad Nacional de la Unión Americana anunció la imposición de una nueva tarifa de permiso de entrada para ingresar al país, conforme a la Ley H.R. 1, aprobada a inicios de año.

Por su parte, México no cuenta con un sistema de «inscripción» o «naciones tribales» soberanas como en Estados Unidos. El artículo 2º de la Constitución Política reconoce a los pueblos indígenas y su derecho a la autonomía, la libre determinación y a mantener sus propias formas de gobierno.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) establece que la auto adscripción es suficiente para ser considerado indígena, sin necesidad de peritajes antropológicos, mientras que algunas reformas recientes del último quinquenio fortalecen el derecho de los pueblos a proteger su patrimonio cultural y a ser consultados en decisiones que les afecten

Finalmente, y pese a lo anterior, cada una de ellas han establecido un estilo de vida binacional y han sabido coexistir con una línea fronteriza que, si bien representa el límite territorial entre dos países, no lo hace así con sus comunidades, cuyas dinámicas superan el carácter político de los estados, y son clara muestra de la defensa de sus derechos y organización propia, entre los dos Estados.

 

Hombres del Poder

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