2026 es un año crucial para la integración de América del Norte: las negociaciones del TMEC han dado por resultado que el acuerdo permanecerá vigente hasta 2036, sujeto a revisiones anuales, con lo cual, la región entra en una nueva fase comercial acompañada de incertidumbre y negociaciones constantes.
Si bien este no era el mejor escenario que se planteaba, vale la pena hacer una breve reflexión respecto de las dinámicas actuales de la región, para comprender mejor su impacto y las estrategias a seguir.
Iniciemos señalando que, entre enero y mayo de 2026, las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos alcanzaron 242,903 millones de dólares (mdd), lo que significó un incremento del 9.78% en comparación con el mismo periodo de 2025. El superávit comercial de México con la nación norteamericana alcanzó los 81,239 millones de dólares, con lo cual México mantiene su posicionamiento como el primer socio comercial de la economía más grande del mundo.
El intercambio comercial y dinamismo de la relación México-Estados Unidos es más visible en la frontera entre ambos países, en donde el flujo de mercancías, capitales y personas ha generado un impacto directo sobre la infraestructura logística y aduanera.
El intenso flujo de hasta 300,000 vehículos diarios exige una modernización constante en los cruces internacionales; la demanda laboral ha transformado a las ciudades en espacios trasfronterizos que son consideradas nodos esenciales de la economía binacional, lo anterior, principalmente, por la integración de cadenas de valor en sectores estratégicos como el automotriz, electrónico y agroalimentario.
Sin embargo, como se mencionó al inicio, después de la revisión del T-MEC este escenario de crecimiento se enfrenta al factor de incertidumbre, toda vez que el mecanismo de revisiones periódicas, que en el papel tienen como propósito actualizar el acuerdo, en la práctica representa un escenario de constante negociación y búsqueda de certeza y seguridad económica.
Mientras Estados Unidos está enfocado en su política de seguridad económica, para México el principal riesgo está asociado a las inversiones, ya que las empresas requieren de estabilidad normativa, y los posibles ajustes anuales obligan a evaluar riesgos adicionales antes de comprometer el capital.
La actual administración estadounidense ha dejado en claro que la competitividad económica, el liderazgo tecnológico, el dominio de las cadenas de suministro y la reducción de la dependencia económica, forman parte de su seguridad nacional. Al respecto, la agencia evaluadora de riesgo “Fitch Ratings” ha señalado que aun cuando el acuerdo se mantiene vigente hasta 2036, estas revisiones limitan la confianza de los inversionistas.
México no deberá perder de vista en este escenario que el acceso preferencial al mercado estadounidense seguirá siendo una prioridad, por lo que deberá aprovechar su ubicación geográfica, la complementariedad productiva y sobre todo la interdependencia comercial, para que ésta continúe creciendo bajo la lógica de los mercados naturales contiguos.
Aunado a lo anterior, deberá establecer las condiciones para fomentar nuevamente el nearshoring, ya que, con el objetivo de reducir costos logísticos, la relocalización de empresas extranjeras, principalmente asiáticas, a territorio mexicano ha impulsado la expansión de los sectores automotriz, electrónico y de autopartes. En este contexto, sin lugar a duda la frontera norte de México seguirá siendo un espacio de flujo comercial que requerirá inversión en infraestructura binacional y coordinación intra e interinstitucional.
Finalmente, el T-MEC es para México un desafío y una oportunidad. Pese a que las revisiones periódicas introducen incertidumbre, esto obligará a la región a mantener competitividad y negociar para establecer nuevas reglas equitativas y benéficas para los países miembros; el desafío será construir una estrategia de desarrollo sostenido, que permita aprovechar los corredores logísticos y productivos establecidos en las últimas décadas, para brindar solidez a la relación trilateral, incluso más allá del tratado mismo.